El cerebro adolescente

EL CEREBRO ADOLESCENTE

(Extraído de Mente y Cerebro 26/2007)

La adolescencia es una edad peligrosa. Las temeridades que mayor peligro entrañan para la vida, como la conducción bajo los efectos del alcohol, las borracheras de larga duración, las relaciones sexuales sin protección constituyen fenómenos habituales en esta etapa.

Además de las consecuencias inmediatas de las temeridades muchas de las conductas que afectan a la salud del adulto comienzan y se arraigan ya en la adolescencia. Y aunque la mayoría de los adolescentes que abusan del alcohol no llegan al alcoholismo, también es cierto que los alcohólicos comenzaron a beber en su adolescencia.

La investigación reciente enseña que la inmadurez del cerebro juvenil pudiera ser responsable de buena parte de las conductas temerarias de los adolescentes.

Apoyados en técnicas de resonancia magnética, se ha comprobado que el cerebro humano experimenta una remodelación importante durante la infancia y la adolescencia, unos cambios anatómicos que podrían explicar el gusto por el riesgo, la impulsividad y la experimentación de novedades.Screenshot_2

 

En concreto, la materia gris del cerebro empieza a adelgazar a principios de la infancia, después comienza la maduración de la parte posterior del cerebelo. Pero esta maduración no continua a zonas que se encargan de la planificación de acciones, razonamiento lógico y control de impulsos.

 

Por esta inmadurez del cerebro, fallan los programas de prevención de riesgos de drogas y conductas sexuales, ya que los programas apelan a la racionalidad de los adolescentes, pero ellos no pueden razonar como adultos, aunque entiendan los riesgos de estas actitudes.

En los estudios recientes se ha demostrado, a pesar de qu e antes se creía lo contrario, que los adolescentes sobrestiman los peligros y no se consideran invulnerables; lo que sucede es que cuando están barajando los riesgos, su percepción de las ventajas de la acción peligrosa (conducir bebido) tiende a compensar de sobra y anular su percepción de riesgo.

Ahora queda más claro porque los programas de intervención fracasan, aunque hacen hincapié en la importancia de la percepción de riesgo, los jóvenes ya son conscientes, fallan los programas al no alertarles sobre el atractivo de los supuestos beneficios, a pesar incluso de que la mente del adolescente tiende a destacar los beneficios frente a los riesgos en situaciones azarosas.

 

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